Dos poemas cortos de Rubén Darío

 

1. Margarita, está linda la mar (fragmento de “A Margarita Debayle”)

 

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.

 

2. Juventud, divino tesoro (fragmento de “Canción de otoño en primavera”)

 

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer.




Rubén Darío: El hombre que convirtió la palabra en música eterna

Rubén Darío no nació poeta: nació con el fuego de la palabra ardiendo en sus venas. Llegó al mundo el 18 de enero de 1867 en Metapa, Nicaragua (hoy Ciudad Darío), en una tierra que parecía demasiado pequeña para contener la fuerza de su genio. Desde niño, su espíritu buscaba una lengua más amplia, un ritmo más alto, una belleza que se desbordara de lo cotidiano.

A los trece años ya escribía versos que asombraban a su entorno. A los quince, era un joven viajero con más sueños que certezas, decidido a encontrar en la literatura no solo un oficio, sino una patria espiritual. Pronto entendió que su vida sería un exilio constante: de su país, de la estabilidad, incluso de sí mismo. Pero también supo que ese errar sería la fuente inagotable de su voz poética.



 

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El creador del modernismo

 

El modernismo no nació en los salones de París ni en las bibliotecas de Madrid. Nació en la voz de Darío, en su oído capaz de transformar las palabras en música y en su mirada que convertía la realidad en un lienzo de colores inéditos. Obras como Azul… (1888) y Prosas profanas (1896) no solo revolucionaron la poesía hispanoamericana: cambiaron la manera de entender la lengua española.

 

Sus versos, cargados de imágenes nuevas, rompieron con el peso retórico del pasado. Introdujo símbolos, sonoridades francesas, mitología clásica y una musicalidad que hasta entonces parecía imposible en castellano. Darío no fue un imitador de Francia ni de Grecia: fue un alquimista que fundió influencias en un lenguaje nuevo, puro, que aún resuena.

 

El hombre detrás del mito

 

Quien solo conoce al poeta olvida al hombre. Rubén Darío fue un ser sensible, vulnerable, inquieto. Amó con intensidad, sufrió con la misma fuerza y se enfrentó a la soledad en cada ciudad donde vivió. Fue diplomático, periodista, viajero incansable, y en cada uno de esos roles buscaba —consciente o inconscientemente— un refugio contra la melancolía.

 

En su Autobiografía, escrita en los últimos años, confiesa sus dudas, sus excesos y su nostalgia. Allí se revela un hombre que nunca dejó de buscar la paz interior y que, sin embargo, encontró en el arte la única forma de calmar su tempestad.

 

El legado inmortal

 

Rubén Darío murió en León, Nicaragua, el 6 de febrero de 1916. Su cuerpo descansa, pero su voz sigue viva. Porque Darío no escribió para su tiempo, sino para todos los tiempos. Cada poeta en lengua española, desde Pablo Neruda hasta Octavio Paz, lleva en sus palabras una huella de su influencia.

 

Su modernismo no fue solo un movimiento literario: fue un acto de liberación. Enseñó que la poesía puede ser un puente entre el mundo real y el ideal, que la belleza puede ser tan necesaria como el pan, y que la lengua española es infinita cuando se pronuncia con pasión.

 

Inspiración para nuestro tiempo

 

Hoy, más de un siglo después, leer a Darío es recordar que la belleza sigue siendo una forma de resistencia. En un mundo acelerado, sus versos nos invitan a detenernos y escuchar el sonido de las palabras. Nos recuerda que la creatividad necesita valentía, y que la pasión, aunque dolorosa, es la fuerza que nos empuja a dejar huella.

 

Rubén Darío nos enseñó que la poesía no es un lujo: es un acto de vida. Y que todo aquel que ama la palabra, de alguna manera, lleva dentro un poco de su alma azul.




Publicaciones destacadas de Rubén Darío

 

  • 1888 — Azul… (Obra fundacional del modernismo)
  • 1890 — Primaveras profanas y otras prosas
  • 1896 — Prosas profanas y otros poemas (Consolidación del modernismo)
  • 1898 — Los raros (Ensayos sobre autores innovadores)
  • 1905 — Cantos de vida y esperanza (Etapa de madurez)
  • 1907 — El canto errante
  • 1910 — Poema del otoño y otros poemas
  • 1913 — Canto a la Argentina y otros poemas
  • 1915 — Historia de mis libros (Ensayo autobiográfico)
  • 1916 — Autobiografía (Publicada póstumamente)
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